viernes, 16 de marzo de 2012

CAPITULO 18

Me despierto sobresaltada y sudando, el precioso sueño de antes se ha transformado en una horrenda pesadilla.  Me miro las manos. Sucias hasta más no poder. Miro de reojo a los demás. Annie está revolviéndose, seguramente intentando escapar de sus pesadillas. Gale y Johanna duermen abrazados, al igual que mis padres. Eric, Roc y Morwenna duermen también, pero Jack... está sentado unas ramas más arriba de la mía, cabizbajo. Observo que está llorando silenciosamente. Pobrecito, a mí tambien me entristeció la muerte de Erbin, pero para él es otra cosa. Decido subir a verlo.
-Vete.
-Jack..., oh, sabes que no soporto verte así... deja de llorar.-Le suplico desesperada. Ahora he empezado a llorar yo también. Él se da cuenta y acepta mi abrazo comprensivo.-Tienes que ser fuerte, a ella no le gustaría verte así.- Le limpio la cara y lo achucho contra mí. Pasamos la noche así en su rama. Cuando mi hermano está triste yo no lo puedo soportar.
A la mañana siguiente me despierto muy temprano, aún está amaneciendo, pero debemos darnos prisa si queremos sacarle ventaja al pelotón de mutos. Tengo el presentimiento de que hoy saldremos de aquí.
No desayunamos nada, pues no tenemos comida, pero ya encontraremos algo por ahí. Bajo del árbol en silencio, preparo con mis amigos las armas y nos comenzamos a caminar. Según Erbin, la salida no debe estar muy lejos.
Por el sol, calculo que serán las doce o la una y yo ya no puedo más. Me muero de hambre y noto que voy a desmayarme en cualquier momento cuando las veo. ¡Son frambuesas silvestres! Corro como me lo permite el cuerpo y vuelvo con un buen puñado, lo justo para todos. Me las como como si no hubiese comido nunca antes en mi vida y no me sientan muy bien, pero al menos tengo el estómago lleno.
Seguimos caminando, siempre alerta por si vienen los mutos, y allí está. Es la salida. Me dispongo a salir corriendo cuando mi padre y Gale me empujan hacia unos arbustos.
-¡silencio!.- Me susurran a la vez. Es entonces cuando observo mejor la entrada y me doy cuenta de que está vigilada por dos hombres y varios mutos. Está claro lo que pretenden. No no quieren dejar salir, ni tampoco dejarán entrar a nadie del exterior. Desde que escapamos, la vigilancia se ha hecho mucho más fuerte.
Llegamos a la conclusión de que si queremos salir, tendremos que matar a estas personas, cosa que no me hace gracia, pero lo tendré que hacer si no quiero que llegue el otro pelotón y nos mate.
-Vale.- Susurra mi madre.-A la de tres salimos corriendo hacia ellos.
-Una.-Dice Johanna
-Dos.-Dice Jack
-¡Y tres!.-Grito yo.