Al rato, vuelve con un puñado de bayas y me las deposita en las palmas de mis manos.
-Oh, Roc... Muchas gracias, de verdad.
-De nada, es un placer.
Después de cenar, decidimos dormir hasta mañana por la mañana, temprano, para empezar a buscar la salida de este distrito.
Nos subimos al árbol y nos instalamos. Erbin hará la primera guardia.
Me despierto sobresaltada, tras despertarme de una pesadilla. Noto que Jack se ha levantado. Claro, el segundo turno le toca a él. Baja del árbol y espero a que suba Erbin, pero eso no ocurre. Al cabo de un rato decido asomarme, ya que me preocupa que les haya pasado algo malo. Me asomo a mi rama y los veo. Tumbados en la hierba, abrazados y mirando las estrellas. Jack le empieza a hacer cosquillas y Erbin ríe y le besa. Sonrío. No se han separado desde que los rescatamos y seguro que están muy enamorados. En cambio yo... yo... uuuuffff... Me gusta mucho Roc, pero también me gusta mucho Eric...
Se quedan así, abrazados hasta que termina la guardia de Jack y entonces suben al árbol.
Yo me hago la dormida, no quiero que crean que les estaba espiando, pero veo de refilón que Jack le acaricia la mejilla a Erbin y ella le da un apasionado beso. Luego se despiden y mi hermano me despierta para mi turno.
Bajo del árbol y me tumbo en la fresca hierba. Dedicaré mis dos horas de guardia a observar las estrellas.
Absorta en el cielo, escucho un ruido. Viene de nuestro árbol, así que preparo el arco. Oh, vaya solo es Roc. La siguiente guardia le toca a él, pero ha bajado más temprano de lo acordado.
-¡Roc! Que susto, ¿por qué has bajado tan temprano?
-Es que quería estar contigo un rato.-Me dice él con una sonrisa. Yo me sonrojo hasta las orejas y acepto. Nos tumbamos en la hierba y nos quedamos mirando las estrellas. Entonces empieza a refrescar y Roc me abraza. Nos quedamos mirándonos a los ojos por un instante y entonces él me alza el mentón, me coge el rostro entre sus manos y se acerca a mí para darme un suave beso en los labios. El tiempo se detiene y yo me entrego a ese beso. Mi primer beso. Es una sensación de calidez maravillosa. Me preocupa que el corazón se me salga del pecho. Entonces Roc me suelta y yo dejo escapar un pequeño suspiro. Él me sonríe y me da una caricia en la mejilla. Me derrite que haga eso y le miro disgustada porque haya durado tan poco.
-Ivy.-Me dice con dulzura.-Vete a dormir, ya me encargo yo de la guardia, ¿vale?
-Eeh... Sí, claro claro...-Contesto, tímida, y subo al árbol para acostarme. Llego a mi rama y dejo que mis adormilados ojos se cierren.
domingo, 25 de diciembre de 2011
sábado, 24 de diciembre de 2011
CAPITULO 14
Bajo del árbol con sigilo y me acerco al lago. Empiezo a llenar las cantimploras cuando oigo un ruido detrás mía. Me doy la vuelta y me topo con los ojos verdes de Eric. Me quedo mirándolos, hipnotizada mientras voy acercando mi boca a la suya, cuando viene Morwenna y le agarra del brazo. Luego hace como si se tropieza (que mal actúa), se lanza al lago y finge no saber nadar, para que Eric la salve.
-¡¡Socorro!!¡¡Socorro, que no sé nadar!!¡¡Auxilio!!.- Grita ella ''desesperada''. Esta tía es imbécil, ¡nos podrían encontrar en un abrir y cerrar de ojos!. Encima Eric la salva. Esto es el colmo, pero ¿qué se habrá creído?. Morwenna se hace la inconsciente porque ''ha tragado demasiada agua''. El pobre Eric le hace el boca-boca y ella le ahoga a besos, diciéndole que es su héroe y tal.
Aquí sobro, así que decido ir a buscar a Roc para cazar algo que comer. Estoy furiosa y un poco celosa, no puedo soportar ver a Morwenna tratar así a Eric.
Voy a buscar a Roc a nuestro árbol y lo veo limpiando sus flechas debajo de una rama.
-Roc, ¿te apetece ir a cazar un rato?.-Le pregunto. Él me responde que sí con una de sus hermosas sonrisas.
Cojo mi arco y mi carcaj y nos internamos en el bosque, sin alejarnos mucho del grupo, claro, pues no quiero que me pase otra vez lo de la pantorrilla.
Vamos a una zona donde vemos ardillas y nos tiramos toda la tarde cazando. Yo le cubro las espaldas y él me las cubre a mí. Nos protegemos mútuamente y me enpiezo a sentir como se sentía mi madre cuando cazaba con Gale.
Me encuentro genial. Me estoy divirtiendo como nunca. Roc es fantástico. No como su hermana, tan creída y superficial. No la entiendo. Si fuese un poco más amable, pues me hubiese caído bien, pero ¿como se atreve a tratar de esa manera a Eric?
Bueno, aunque estando con Roc, nada me importa. Solo existimos él y yo.
Cuando empieza a anochecer, decidimos volver, con siete ardillas.
Me dispongo a encender una hoguera para cocinar las ardillas, pero mi madre la apaga rápidamente con su bota.
-¡Ivy!¡¿Como se te ocurre encender un fuego ahora?!.- Exclama.-¿Es que estás loca o qué? Insensata... Nos podrían haber encontrado por el humo, cariño....- Me explica.
Bueno, nos tendremos que comer las ardillas crudas... Qué asco.
Mis padres, Gale, Johanna y Erbin se las comen sin rechistar. Annie y Eric se comen los peces que pescaron esta mañana. ¡Si hasta mi hermano se come una para quedar bien delante de Erbin!. Roc se las come también y Morwenna... Morwenna es como un perro, se come todo lo que le echen. Pero yo no puedo, todo está asqueroso. Intento comerme las orejas, que es la parte que tiene menos sangre.
Roc se da cuenta de que no soporto las ardillas y se levanta para adentrarse en el bosque.
-¡¡Socorro!!¡¡Socorro, que no sé nadar!!¡¡Auxilio!!.- Grita ella ''desesperada''. Esta tía es imbécil, ¡nos podrían encontrar en un abrir y cerrar de ojos!. Encima Eric la salva. Esto es el colmo, pero ¿qué se habrá creído?. Morwenna se hace la inconsciente porque ''ha tragado demasiada agua''. El pobre Eric le hace el boca-boca y ella le ahoga a besos, diciéndole que es su héroe y tal.
Aquí sobro, así que decido ir a buscar a Roc para cazar algo que comer. Estoy furiosa y un poco celosa, no puedo soportar ver a Morwenna tratar así a Eric.
Voy a buscar a Roc a nuestro árbol y lo veo limpiando sus flechas debajo de una rama.
-Roc, ¿te apetece ir a cazar un rato?.-Le pregunto. Él me responde que sí con una de sus hermosas sonrisas.
Cojo mi arco y mi carcaj y nos internamos en el bosque, sin alejarnos mucho del grupo, claro, pues no quiero que me pase otra vez lo de la pantorrilla.
Vamos a una zona donde vemos ardillas y nos tiramos toda la tarde cazando. Yo le cubro las espaldas y él me las cubre a mí. Nos protegemos mútuamente y me enpiezo a sentir como se sentía mi madre cuando cazaba con Gale.
Me encuentro genial. Me estoy divirtiendo como nunca. Roc es fantástico. No como su hermana, tan creída y superficial. No la entiendo. Si fuese un poco más amable, pues me hubiese caído bien, pero ¿como se atreve a tratar de esa manera a Eric?
Bueno, aunque estando con Roc, nada me importa. Solo existimos él y yo.
Cuando empieza a anochecer, decidimos volver, con siete ardillas.
Me dispongo a encender una hoguera para cocinar las ardillas, pero mi madre la apaga rápidamente con su bota.
-¡Ivy!¡¿Como se te ocurre encender un fuego ahora?!.- Exclama.-¿Es que estás loca o qué? Insensata... Nos podrían haber encontrado por el humo, cariño....- Me explica.
Bueno, nos tendremos que comer las ardillas crudas... Qué asco.
Mis padres, Gale, Johanna y Erbin se las comen sin rechistar. Annie y Eric se comen los peces que pescaron esta mañana. ¡Si hasta mi hermano se come una para quedar bien delante de Erbin!. Roc se las come también y Morwenna... Morwenna es como un perro, se come todo lo que le echen. Pero yo no puedo, todo está asqueroso. Intento comerme las orejas, que es la parte que tiene menos sangre.
Roc se da cuenta de que no soporto las ardillas y se levanta para adentrarse en el bosque.
viernes, 23 de diciembre de 2011
CAPITULO 13
Ya es de noche y nosotros esperamos y esperamos, pero, qué quieres que te diga... yo me empiezo a aburrir, pues no oigo ningún sonido alarmante, a parte de los muchos ruidos raros que provienen del bosque, así que decido acercarme a la cabaña un poco y me asomo a la ventana, lo justo como para poder ver lo que hay en su interior, pero que no me descubran a mí. Es más pequeña de lo que parece, tiene un pequeño saloncito y un dormitorio, donde seguramente dormirán Heebra y su ayudante.
En el salón están atados a unas sillas, pegadas a la pared, Jack, Erbin y Morwenna. Están despiertos y tiemblan, pero no sé si de frío o de miedo. Parece que no hayan dormido en varios días, pues tiene unas marcadas ojeras bajo los ojos. Erbin tiene apoyada la cabeza en el hombro de Jack y éste le susurra cosas al oído. Morwenna intenta liberarse con toda la fuerza que le permite su cuerpo, retorciendose sobre las cuerdas. Sus armas están al otro lado de la sala, para que no las puedan alcanzar. Si queremos sacarlos de allí, es ahora o nunca.
Me doy la vuelta y veo que los demás se han unido a mí y están examinando la cabaña, buscando ideas para sacarlos de ahí.
Él problema es cómo entrar. Podríamos romper una ventana, pero el ruido despertaría a Heebra, y no podemos permitirlo. Entonces la veo, una chimenea, pequeña, pero yo podría entrar por ella.
-Escuchad, que tengo una idea.- Todos me miran atentos.-Necesitamos sacarlos de ahí, y yo puedo entrar por la chimenea, así no haremos tanto ruido, ¿qué os parece?.
Lo que imaginaba. Todos se oponen. Pero conforme avanza el tiempo y no se nos ocurre nada mejor, decidimos usar mi plan.
Me ayudan a trepar por el tejado hasta llegar a el pequeño orificio. Me escurro por su interior. Oggg, esto es claustrofóbico. Me retuerzo por el conducto de la chimenea, es más estrecho de lo que creía y empieza a faltarme el aire.
Cuando llego abajo y me ven, se asustan, ya que estoy irreconocible, llena de hollín. Pero al acercarme, mi hermano me reconoce rápidamente y se les saltan las lágrimas de alegría y emoción. Los mando callar con mi dedo. Cojo las armas del perchero y corto las cuerdas que los tenían retenidos en las sillas. Ellos se masajean las muñecas, moradas por las cuerdas.
Abro con cuidado la ventana del salón, y Jack, Morwenna y Erbin salen al exterior. Están todos fuera menos yo, y justo cuando voy a salir, el ayudante de Heebra sale del dormitorio, todavía adormilado. Me dirijo hacia él y le pego una patada en la cabeza, dejándolo inconsciente. Mi madre lo habría matado para que no fuese testigo de que han escapado con nosotros, pero es que todavía no estoy preparada para matar a una persona.
Salgo rápidamente por la ventana y nos perdemos en el bosque.
Encontramos un buen árbol y trepamos a él para escondernos. Tenemos que ser muy precavidos, pues, dentro de un par de horas sabrán que hemos escapado y vendrán a buscarnos por el bosque, y ten por seguro que no nos dejarán salir con vida, porque, la verdad, no creo que les guste que todo Panem sepa que ellos se esconden aquí.
Lo único que podemos hacer ahora es salir de este apestoso distrito sin que nos vean, y la salida está a varios días de camino.
Escalo a las ramas más altas y observo en silencio lo que me rodea. Veo a mi hermano y a Erbin abrazados, mirando la puesta de sol. Qué monos. Ahora el cielo tiene ese color anaranjado que tanto les gusta a mi padre y a mi hermano.
Busco con la mirada a mis padres. Están en otra rama sentados y hablando con Johanna y Gale. Sonrío. Seguro que tendrán muchísimas cosas que contarse.
Volteo la cabeza y veo un pequeño laguito con peces. Será mejor que llene las cantimploras, que están vacías. Ahora mismo el agua es muy importante y no sabemos cuando volveremos a verla. No quiero que nos pase lo que le pasó a mi madre en Los Juegos del Hambre.
En el salón están atados a unas sillas, pegadas a la pared, Jack, Erbin y Morwenna. Están despiertos y tiemblan, pero no sé si de frío o de miedo. Parece que no hayan dormido en varios días, pues tiene unas marcadas ojeras bajo los ojos. Erbin tiene apoyada la cabeza en el hombro de Jack y éste le susurra cosas al oído. Morwenna intenta liberarse con toda la fuerza que le permite su cuerpo, retorciendose sobre las cuerdas. Sus armas están al otro lado de la sala, para que no las puedan alcanzar. Si queremos sacarlos de allí, es ahora o nunca.
Me doy la vuelta y veo que los demás se han unido a mí y están examinando la cabaña, buscando ideas para sacarlos de ahí.
Él problema es cómo entrar. Podríamos romper una ventana, pero el ruido despertaría a Heebra, y no podemos permitirlo. Entonces la veo, una chimenea, pequeña, pero yo podría entrar por ella.
-Escuchad, que tengo una idea.- Todos me miran atentos.-Necesitamos sacarlos de ahí, y yo puedo entrar por la chimenea, así no haremos tanto ruido, ¿qué os parece?.
Lo que imaginaba. Todos se oponen. Pero conforme avanza el tiempo y no se nos ocurre nada mejor, decidimos usar mi plan.
Me ayudan a trepar por el tejado hasta llegar a el pequeño orificio. Me escurro por su interior. Oggg, esto es claustrofóbico. Me retuerzo por el conducto de la chimenea, es más estrecho de lo que creía y empieza a faltarme el aire.
Cuando llego abajo y me ven, se asustan, ya que estoy irreconocible, llena de hollín. Pero al acercarme, mi hermano me reconoce rápidamente y se les saltan las lágrimas de alegría y emoción. Los mando callar con mi dedo. Cojo las armas del perchero y corto las cuerdas que los tenían retenidos en las sillas. Ellos se masajean las muñecas, moradas por las cuerdas.
Abro con cuidado la ventana del salón, y Jack, Morwenna y Erbin salen al exterior. Están todos fuera menos yo, y justo cuando voy a salir, el ayudante de Heebra sale del dormitorio, todavía adormilado. Me dirijo hacia él y le pego una patada en la cabeza, dejándolo inconsciente. Mi madre lo habría matado para que no fuese testigo de que han escapado con nosotros, pero es que todavía no estoy preparada para matar a una persona.
Salgo rápidamente por la ventana y nos perdemos en el bosque.
Encontramos un buen árbol y trepamos a él para escondernos. Tenemos que ser muy precavidos, pues, dentro de un par de horas sabrán que hemos escapado y vendrán a buscarnos por el bosque, y ten por seguro que no nos dejarán salir con vida, porque, la verdad, no creo que les guste que todo Panem sepa que ellos se esconden aquí.
Lo único que podemos hacer ahora es salir de este apestoso distrito sin que nos vean, y la salida está a varios días de camino.
Escalo a las ramas más altas y observo en silencio lo que me rodea. Veo a mi hermano y a Erbin abrazados, mirando la puesta de sol. Qué monos. Ahora el cielo tiene ese color anaranjado que tanto les gusta a mi padre y a mi hermano.
Busco con la mirada a mis padres. Están en otra rama sentados y hablando con Johanna y Gale. Sonrío. Seguro que tendrán muchísimas cosas que contarse.
Volteo la cabeza y veo un pequeño laguito con peces. Será mejor que llene las cantimploras, que están vacías. Ahora mismo el agua es muy importante y no sabemos cuando volveremos a verla. No quiero que nos pase lo que le pasó a mi madre en Los Juegos del Hambre.
martes, 20 de diciembre de 2011
CAPITULO 12:
Me asomo a los matorrales con cautela y entonces los veo.¡Son nuestros padres! Sin pensármelo dos veces, voy directa hacia ellos, los derribo y no puedo hacer otra cosa más que ponerme a llorar a moco tendido en los brazos de mi padre.¡Es que no puedo hacerme la idea de que estén vivos!
Después de los reencuentros decidimos comer algo, pues estamos todos hambrientos. Luego, nos preparamos para salir y buscar a los secuestrados. Espero que estén bien...
Empezamos a buscarlos y Eric me coje en brazos.
-Eric bájame que estoy bien; de verdad, puedo caminar...- Le replico, pero él no parece escucharme y yo me resigno, es demasiado cabezota. Bueno, así no nos retrasaré por mi extraña manera de caminar.
Seguimos buscando hasta que el sol se coloca en lo más alto del cielo. Ni rastro de Jack, de Erbin y Morwenna.
Llevamos un buen rato buscando, cuando mi madre, que no puede aguantar más tiempo las lágrimas, se derrumba a llorar
-Nunca los encontraremos.- Solloza.- Quién sabe lo grande que podría ser este distrito, y, y...¡seguramente ya los habrán matado!- Exclama mi madre mirando a mi padre, que le seca las lágrimas y le susurra algo al oído. Algo que hace que se levante, que se quite la tierra de encima y siga adelante.
Por la tarde paramos a descansar un rato para comer algo.
- Este sitio es de lo más extraño.- Dice Gale.- Porque los mutos hombre-lagarto estaban en el subsuelo del Capitolio, no aquí, y, además, quedaban poquísimos, ya que los matamos a casi todos.
-Sí.- Afirma mi madre.- Hay muchos mutos; demasiados, y es muy extraño que hayan llegado hasta aquí.
Este lugar es muy extraño. ¿De donde salen tantos mutos? Erbin comentó algo sobre que aquí vivían personas con mutos, pero, ¿de donde sacarán tantísimos mutos?
Sigo dándole vueltas a estas preguntas en mi cabeza cuando escuchamos un ruido. Rápidamente, preparamos nuestras armas, esperando a que los mutos aparezcan de la maleza, pero no ocurre nada, absolutamente nada. Seguimos escuchando... y... ¡son voces humanas! Afinamos todo lo que podemos el oído cuando escuchamos una voz que a Roc y a sus padres les es familiar...
-¡¡Morwenna!!.- Exclama Johanna, pero en seguida se tapa la boca. ¡Idiota!, nos podrían haber escuchado.
-Es ella, la reconocería entre miles.- Nos explica ella, en voz baja.
-¡¡¡Suéltame maldito capullo!!!.- Grita Morwenna.-¿¡Es que no me escuchas, gilipollas de mierda!?.-Se escucha.-¡¡Dadme mis haaachaaaaaaaas!! ¡Cuándo las recupere os rebañaré el pescuezo, idiotas!
Nos acercamos sigilosamente y los vemos. Un guardia lleva cogida a Morwenna y la tiene hechada al hombro, ella, por su parte, no para de patalear. Jack y Erbin están atados y avanzan porque unos guardias tienen dos cuchillos apuntando a sus espaldas.
-¡Bueno, pequeños espías!Será mejor que solteis toda la información que tengais. A menos que os gusten las torturas...-Exclama el guardia jefe.
Que horror, van a torturarlos. Hay que sacarlos de ahí ya.
Decidimos seguirlos. Ya que son demasiados como para tenderles una emboscada.
Los seguimos hasta que llegan a una pequeña cabaña. De ella sale una joven mujer rubia con los ojos azules, como los míos, y empieza a dar órdenes a los guardias. Empujan a Jack, Erbin y Morwenna a la cabaña y se van. La muchacha se mete en la cabaña, seguida de un hombre, que parece ser su ayudante y cierran la puerta.
Después de los reencuentros decidimos comer algo, pues estamos todos hambrientos. Luego, nos preparamos para salir y buscar a los secuestrados. Espero que estén bien...
Empezamos a buscarlos y Eric me coje en brazos.
-Eric bájame que estoy bien; de verdad, puedo caminar...- Le replico, pero él no parece escucharme y yo me resigno, es demasiado cabezota. Bueno, así no nos retrasaré por mi extraña manera de caminar.
Seguimos buscando hasta que el sol se coloca en lo más alto del cielo. Ni rastro de Jack, de Erbin y Morwenna.
Llevamos un buen rato buscando, cuando mi madre, que no puede aguantar más tiempo las lágrimas, se derrumba a llorar
-Nunca los encontraremos.- Solloza.- Quién sabe lo grande que podría ser este distrito, y, y...¡seguramente ya los habrán matado!- Exclama mi madre mirando a mi padre, que le seca las lágrimas y le susurra algo al oído. Algo que hace que se levante, que se quite la tierra de encima y siga adelante.
Por la tarde paramos a descansar un rato para comer algo.
- Este sitio es de lo más extraño.- Dice Gale.- Porque los mutos hombre-lagarto estaban en el subsuelo del Capitolio, no aquí, y, además, quedaban poquísimos, ya que los matamos a casi todos.
-Sí.- Afirma mi madre.- Hay muchos mutos; demasiados, y es muy extraño que hayan llegado hasta aquí.
Este lugar es muy extraño. ¿De donde salen tantos mutos? Erbin comentó algo sobre que aquí vivían personas con mutos, pero, ¿de donde sacarán tantísimos mutos?
Sigo dándole vueltas a estas preguntas en mi cabeza cuando escuchamos un ruido. Rápidamente, preparamos nuestras armas, esperando a que los mutos aparezcan de la maleza, pero no ocurre nada, absolutamente nada. Seguimos escuchando... y... ¡son voces humanas! Afinamos todo lo que podemos el oído cuando escuchamos una voz que a Roc y a sus padres les es familiar...
-¡¡Morwenna!!.- Exclama Johanna, pero en seguida se tapa la boca. ¡Idiota!, nos podrían haber escuchado.
-Es ella, la reconocería entre miles.- Nos explica ella, en voz baja.
-¡¡¡Suéltame maldito capullo!!!.- Grita Morwenna.-¿¡Es que no me escuchas, gilipollas de mierda!?.-Se escucha.-¡¡Dadme mis haaachaaaaaaaas!! ¡Cuándo las recupere os rebañaré el pescuezo, idiotas!
Nos acercamos sigilosamente y los vemos. Un guardia lleva cogida a Morwenna y la tiene hechada al hombro, ella, por su parte, no para de patalear. Jack y Erbin están atados y avanzan porque unos guardias tienen dos cuchillos apuntando a sus espaldas.
-¡Bueno, pequeños espías!Será mejor que solteis toda la información que tengais. A menos que os gusten las torturas...-Exclama el guardia jefe.
Que horror, van a torturarlos. Hay que sacarlos de ahí ya.
Decidimos seguirlos. Ya que son demasiados como para tenderles una emboscada.
Los seguimos hasta que llegan a una pequeña cabaña. De ella sale una joven mujer rubia con los ojos azules, como los míos, y empieza a dar órdenes a los guardias. Empujan a Jack, Erbin y Morwenna a la cabaña y se van. La muchacha se mete en la cabaña, seguida de un hombre, que parece ser su ayudante y cierran la puerta.
viernes, 9 de diciembre de 2011
CAPITULO 11
Me dispongo a volver cuando algo me derriba. Abro mis temblorosos ojos, todavía mareada por el golpe y veo que se cierne sobre mí un gigantesco oso pardo. Intento desesperadamente escapar, pero él me da un zarpazo en la pantorrilla, desgarrandome la carne.
-¡¡¡Aaaaaaaaaaah!!!- Grito de dolor. Espero que alguien con un buen corazón me oiga y me salve. Ojalá no me hubiese alejado de los chicos...¡Tonta!.
Cierro los ojos con fuerza, preparándome para recibir el golpe de gracia cuando cae rodando a mi lado la cabeza del oso. Miro desconcertada a mi alrededor y veo a Eric empujando a un lado el cuerpo inerte del oso. Él me ofrece su mano y yo la acepto agradecida, pero en cuanto apoyo la pierna herida, me desplomo en el suelo; que suerte que estaba Eric allí para cojerme. Me coje en brazos, pero antes se raja la camiseta y me venda la pantorrilla. Me acaricia el pelo suavemente mientras me lleva al árbol con Roc.
-Eric- Le susurro.-Gracias por salvarme...otra vez.
Me deposita en la hierba junto a Roc, que mira mi pierna con expresión triste mientras Eric cocina los peces y el conejo.
Nos comemos los ricos peces y el conejo, que después de lo ocurrido, no me parece nada sabroso.
Luego, empieza a oscurecer y decidimos buscar un árbol en el que subirnos para poder dormir algo. Yo soy un estorbo, porque la pierna me duele mucho y voy cojeando. Eric, que parece que se ha hartado de verme sufrir, me sube a su espalda y yo me siento culpable.
Por fin encontramos un árbol decente y lo escalamos, bueno, lo escalan, porque yo voy agarrada a Eric. Cuando subimos, intentamos colocarnos en una posición relativamente cómoda. Pronto nos quedamos dormidos.
Por la noche, me despierto para hacer mis necesidades e intento bajar sola para no molestar a los otros, pero al apoyar la pierna rabio de dolor y me tengo que morder el labio para no gritar. Voy bajando poquito a poquito hasta que Roc se despierta. Normal, hago demasiado ruido. Me ve intentando bajar, viene hacia mí y me coje en brazos. Me lleva así hasta depositarme en el suelo.
-No deberías haberme bajado, Roc.-Le digo preocupada.-Tienes el brazo mal.-Él me coje la mano y se acaricia el brazo malo con ella.
-Tranquila, ya esta mucho mejor.-Me sonríe.-Está cicatrizando. Le doy un abrazo. No he podido reprimir mi impulso de arrimarme a su calor, me lo devuelve y se sonroja.
Me meto tras unos arbustos, un poco avergonzada para hacer mis necesidades. Termino, y vuelvo con él.
-¿Quieres que te suba?- Me pregunta.
-No, no.-le contesto.-No puedo dormir.- Me quedaré aquí.
-Pues me quedo contigo.- Me dice acercandose a mí. Me abraza, porque tenemos mucho frío. Me quedo dormida, con mi cabeza apoyada en su pecho. Él me acaricia el pelo. Creo que me estoy enamorando de él, aunque también siento algo por Eric...
Por la mañana Eric nos despierta y comemos algunas sobras de ayer. Seguimos buscando a nuestros padres, aunque no creo que los encontremos. Yo ya me he quedado sin esperanzas...Todavía me duele la pierna y sigo cojeando un poco, pero ya puedo andar mucho mejor.
Al cabo de un rato, oímos unas voces detrás de los arbustos. Me asomo con cautela y...
-¡¡¡Aaaaaaaaaaah!!!- Grito de dolor. Espero que alguien con un buen corazón me oiga y me salve. Ojalá no me hubiese alejado de los chicos...¡Tonta!.
Cierro los ojos con fuerza, preparándome para recibir el golpe de gracia cuando cae rodando a mi lado la cabeza del oso. Miro desconcertada a mi alrededor y veo a Eric empujando a un lado el cuerpo inerte del oso. Él me ofrece su mano y yo la acepto agradecida, pero en cuanto apoyo la pierna herida, me desplomo en el suelo; que suerte que estaba Eric allí para cojerme. Me coje en brazos, pero antes se raja la camiseta y me venda la pantorrilla. Me acaricia el pelo suavemente mientras me lleva al árbol con Roc.
-Eric- Le susurro.-Gracias por salvarme...otra vez.
Me deposita en la hierba junto a Roc, que mira mi pierna con expresión triste mientras Eric cocina los peces y el conejo.
Nos comemos los ricos peces y el conejo, que después de lo ocurrido, no me parece nada sabroso.
Luego, empieza a oscurecer y decidimos buscar un árbol en el que subirnos para poder dormir algo. Yo soy un estorbo, porque la pierna me duele mucho y voy cojeando. Eric, que parece que se ha hartado de verme sufrir, me sube a su espalda y yo me siento culpable.
Por fin encontramos un árbol decente y lo escalamos, bueno, lo escalan, porque yo voy agarrada a Eric. Cuando subimos, intentamos colocarnos en una posición relativamente cómoda. Pronto nos quedamos dormidos.
Por la noche, me despierto para hacer mis necesidades e intento bajar sola para no molestar a los otros, pero al apoyar la pierna rabio de dolor y me tengo que morder el labio para no gritar. Voy bajando poquito a poquito hasta que Roc se despierta. Normal, hago demasiado ruido. Me ve intentando bajar, viene hacia mí y me coje en brazos. Me lleva así hasta depositarme en el suelo.
-No deberías haberme bajado, Roc.-Le digo preocupada.-Tienes el brazo mal.-Él me coje la mano y se acaricia el brazo malo con ella.
-Tranquila, ya esta mucho mejor.-Me sonríe.-Está cicatrizando. Le doy un abrazo. No he podido reprimir mi impulso de arrimarme a su calor, me lo devuelve y se sonroja.
Me meto tras unos arbustos, un poco avergonzada para hacer mis necesidades. Termino, y vuelvo con él.
-¿Quieres que te suba?- Me pregunta.
-No, no.-le contesto.-No puedo dormir.- Me quedaré aquí.
-Pues me quedo contigo.- Me dice acercandose a mí. Me abraza, porque tenemos mucho frío. Me quedo dormida, con mi cabeza apoyada en su pecho. Él me acaricia el pelo. Creo que me estoy enamorando de él, aunque también siento algo por Eric...
Por la mañana Eric nos despierta y comemos algunas sobras de ayer. Seguimos buscando a nuestros padres, aunque no creo que los encontremos. Yo ya me he quedado sin esperanzas...Todavía me duele la pierna y sigo cojeando un poco, pero ya puedo andar mucho mejor.
Al cabo de un rato, oímos unas voces detrás de los arbustos. Me asomo con cautela y...
lunes, 5 de diciembre de 2011
CAPITULO 10
Se hace de noche y hace mucho frío, así que me arrimo a Roc todo lo que puedo y dejo que me abrace, para que nos mantengamos en calor mutuamente.
Hacemos turnos de vigilancia, primero él y luego yo, aunque en mi turno lo dejo dormir más tiempo del que le corresponde, porque está muy cansado, porque un muto le ha rajado el brazo, y, sí, porque me gusta verlo dormir.
Me siento a su lado y le quito los mechones de cabello que le caen sobre la frente y sonrío para mis adentros. La gente parece más joven cuando duerme, mi madre tiene razón.
Escucho un ruido, como de una rama partirse bajo el pie de alguien y saco mi arco y mis flechas, a la vez que despierto a Roc, que me mira contrariado. Esperamos a que salga la cabeza de algún muto, pero en vez de eso, vemos la de Eric. Él nos lanza una cuerda, hecha con lianas y cosas así, y salimos de ese horripilante agujero.
-¡Eric!- Exclamo encantada de verle, pero en seguida me tapo la boca con las manos, no quiero llamar la atención, quién sabe cuantas alimañas estarán acechándonos en estos momentos.
Eric me abraza y yo le devuelvo el gesto, estoy encantada de verlo con vida.
-Los mutos están cerca-, nos informa, confirmando nuestras sospechas- Yo he tenido suerte y no me han hecho nada,- Dice, mirando la herida de Roc.-
-Tenemos que largarnos de aquí ya- Confirma Roc.
Nos ponemos a caminar y llegamos a una parte del bosque que tiene los árboles con ramas bajas y robustas, menudo alivio. Escogemos nuestro árbol con sumo cuidado, y nos recostamos sobre las duras ramas, adormilados. Bueno, al menos si vienen los mutos, podremos defendernos desde un lugar alto.
Cuando me despierto, no hay ni rastro de los mutos, lo que es buena señal, pues ya podemos salir a cazar al bosque, y la verdad es que estoy hambrienta y seguro que Eric y Roc también.
Cazo dos conejos y recolecto raíces de plantas acuáticas en un pequeño estanque. Roc me da las cantimploras de agua, ya vacías, y las lleno de agua otra vez.
Fabrico una pequeña fogata, pues los mutos se han ido, y comer conejo crudo puede ser malo.
Nos sentamos a comer. Es un alivio tener algo que llevarse a la boca.
-Tenemos que buscar a nuestros padres, no sabemos donde están.- Les explico mientras mordisqueo un trozo de muslo.
-No sabemos ni siquiera si están vivos- Responde Eric.
-Espero que estén bien...- Me preocupo.
Seguimos caminando toda la mañana, y solo nos paramos para descansar y para comer.
Mientras Roc caza algo, yo ayudo a Eric a tejer una red para pescar en algún río. Al cabo de un rato, noto que me mira con sus hermosos ojos verde aguamarina. Yo levanto la mirada.
-Vaya, todavía lo llevas puesto- Me dice, refiriéndose al collar que me regaló. No me lo he quitado desde que me lo puso- Me alegro de que te gustara- Me sonríe. Yo desvío la mirada, sonrojada.
Ya es por la tarde y estamos buscando algo que cazar. Eric y Roc van delante y yo les cubro las espaldas, simpre alerta a cualquier sonido o indicio de movimiento. Noto que Roc no se encuentra bien, aunque el diga lo contrario, así que lo obligo a sentarse y descansar un rato, pues el brazo le sangra demasiado. Él se recosta sobre el tronco de un árbol y cierra los ojos. Eric ha encontrado un arroyo, así que decido cazar algo por mi cuenta, aunque sin alejarme mucho.
Al cabo de un rato doy con un conejo gigantesco,se me hace la boca agua, y lo sigo por el bosque, porque me aleje un poco no pasará nada, ¿no?. Lo consigo cazar y lo meto en mi cinturón, casi no cabe, cuando me dispongo a volver...
Hacemos turnos de vigilancia, primero él y luego yo, aunque en mi turno lo dejo dormir más tiempo del que le corresponde, porque está muy cansado, porque un muto le ha rajado el brazo, y, sí, porque me gusta verlo dormir.
Me siento a su lado y le quito los mechones de cabello que le caen sobre la frente y sonrío para mis adentros. La gente parece más joven cuando duerme, mi madre tiene razón.
Escucho un ruido, como de una rama partirse bajo el pie de alguien y saco mi arco y mis flechas, a la vez que despierto a Roc, que me mira contrariado. Esperamos a que salga la cabeza de algún muto, pero en vez de eso, vemos la de Eric. Él nos lanza una cuerda, hecha con lianas y cosas así, y salimos de ese horripilante agujero.
-¡Eric!- Exclamo encantada de verle, pero en seguida me tapo la boca con las manos, no quiero llamar la atención, quién sabe cuantas alimañas estarán acechándonos en estos momentos.
Eric me abraza y yo le devuelvo el gesto, estoy encantada de verlo con vida.
-Los mutos están cerca-, nos informa, confirmando nuestras sospechas- Yo he tenido suerte y no me han hecho nada,- Dice, mirando la herida de Roc.-
-Tenemos que largarnos de aquí ya- Confirma Roc.
Nos ponemos a caminar y llegamos a una parte del bosque que tiene los árboles con ramas bajas y robustas, menudo alivio. Escogemos nuestro árbol con sumo cuidado, y nos recostamos sobre las duras ramas, adormilados. Bueno, al menos si vienen los mutos, podremos defendernos desde un lugar alto.
Cuando me despierto, no hay ni rastro de los mutos, lo que es buena señal, pues ya podemos salir a cazar al bosque, y la verdad es que estoy hambrienta y seguro que Eric y Roc también.
Cazo dos conejos y recolecto raíces de plantas acuáticas en un pequeño estanque. Roc me da las cantimploras de agua, ya vacías, y las lleno de agua otra vez.
Fabrico una pequeña fogata, pues los mutos se han ido, y comer conejo crudo puede ser malo.
Nos sentamos a comer. Es un alivio tener algo que llevarse a la boca.
-Tenemos que buscar a nuestros padres, no sabemos donde están.- Les explico mientras mordisqueo un trozo de muslo.
-No sabemos ni siquiera si están vivos- Responde Eric.
-Espero que estén bien...- Me preocupo.
Seguimos caminando toda la mañana, y solo nos paramos para descansar y para comer.
Mientras Roc caza algo, yo ayudo a Eric a tejer una red para pescar en algún río. Al cabo de un rato, noto que me mira con sus hermosos ojos verde aguamarina. Yo levanto la mirada.
-Vaya, todavía lo llevas puesto- Me dice, refiriéndose al collar que me regaló. No me lo he quitado desde que me lo puso- Me alegro de que te gustara- Me sonríe. Yo desvío la mirada, sonrojada.
Ya es por la tarde y estamos buscando algo que cazar. Eric y Roc van delante y yo les cubro las espaldas, simpre alerta a cualquier sonido o indicio de movimiento. Noto que Roc no se encuentra bien, aunque el diga lo contrario, así que lo obligo a sentarse y descansar un rato, pues el brazo le sangra demasiado. Él se recosta sobre el tronco de un árbol y cierra los ojos. Eric ha encontrado un arroyo, así que decido cazar algo por mi cuenta, aunque sin alejarme mucho.
Al cabo de un rato doy con un conejo gigantesco,se me hace la boca agua, y lo sigo por el bosque, porque me aleje un poco no pasará nada, ¿no?. Lo consigo cazar y lo meto en mi cinturón, casi no cabe, cuando me dispongo a volver...
viernes, 2 de diciembre de 2011
CAPITULO 9
Entonces otro grupo de charlajos empiezan a chillar con las voces de Jack, Morwenna y Erbin. Ahora sí que perdemos el control.
Llevamos un rato ya tirados en el suelo, retorciéndonos y gritando de dolor, cuando, retumbando por el bosque, suena un nombre.
-Katniss...
-Katniss...
-Katniss...
No entiendo nada de nada hasta que los veo. Una mezcla entre lagartos, hombres y vete tu a saber que más. Mis padres se miran y hacen señales de reconocimiento. Son los mutos que el presidente Sow soltó en el subsuelo del Capitolio para que asesinasen a mis padres y a sus compañeros rebeldes. Ellos mataron sin piedad al pobre de Finnick, lo sé porque veo que a Annie le da un ataque de locura y cae desmayada cuan larga es en los brazos de mi padre.
No hace falta decirnos nada para saber que tenemos que separarnos y buscar un escondite.
¡ Mierda! estamos en una parte del bosque en la que no hay árboles, y los pocos que hay tienen las ramas demasiado altas como para poder trepar por ellas, para mí, claro, pues mi madre y Gale estan subidos a un extraño arbol que no conozco, disparando flechas a los mutos (seguro que si no estuviésemos en esta situación, se estarían divirtiendo)
-¡Ivy, Ivy!¡corre como nunca lo hayas hecho!¡¡RÁPIDO!!- Me grita mi madre.
Doy vueltas en círculos, sin saber adonde ir. Veo a Johanna, subida en una roca alta, degollando mutos con sus hachas. Pienso en ir con ella, pero la roca es demasiado estrecha para las dos. Veo también a mi padre, corriendo desesperadamente con Annie, todavía desmayada en brazos. No hay ni rastro de Roc ni de Eric.
Mi madre sigue chillándome que corra y empiezo a correr hacia delante, a una velocidad que ni yo misma creía que podía alcanzar.
Entonces, la tierra se hunde bajo mis pies y caigo al vacío.
¡Pum! caigo sobre la tierra y me froto con mis heladas manos el trasero. Instintivamente, me pongo de pie e intento salir del agujero en el que he caído, pero no puedo, es imposible. He caído en una trampa de los hombres del Distrito 14, que la habrán puesto ara cazar comida, pero se alegrarán mucho de que haya caído yo.
Entonces empiezo a desesperarme, las lágrimas me caen por las mejillas. Pronto llegarán los mutos y tendré que dejarme matar...
¡Pum! algo cae a mi lado en el hoyo. Preparo el arco, pero lo bajo al instante, es Roc. Se acerca a mí y me limpia las lágrimas con sumo cuidado.
-Ivy, Ivy.- Me dice con dulzura.- Ivy tranquila. Si vamos a morir, moriremos luchando. Cundo lleguen los mutos lucharemos hasta el final, ¿vale?
Quiero creerlo. Quiero creer que viviremos, pero sé muy bien que no. Que no sobreviviremos, así que me dejo abrazar y lloro silenciosamente sobre su hombro.
-Escucha, cuando vengan, te prometo que te protegeré con mi vida, si es necesario.- Me dice con ternura. Eso me alivia un poco, pero a la vez me preocupa, porque no quiero que muera. Me importa mucho.
-No será necesario, te lo aseguro.- Le sonrío. El me devuelve la sonrisa y hunde su cara en mi pelo. Me parece que le gusto.
Llevamos un rato ya tirados en el suelo, retorciéndonos y gritando de dolor, cuando, retumbando por el bosque, suena un nombre.
-Katniss...
-Katniss...
-Katniss...
No entiendo nada de nada hasta que los veo. Una mezcla entre lagartos, hombres y vete tu a saber que más. Mis padres se miran y hacen señales de reconocimiento. Son los mutos que el presidente Sow soltó en el subsuelo del Capitolio para que asesinasen a mis padres y a sus compañeros rebeldes. Ellos mataron sin piedad al pobre de Finnick, lo sé porque veo que a Annie le da un ataque de locura y cae desmayada cuan larga es en los brazos de mi padre.
No hace falta decirnos nada para saber que tenemos que separarnos y buscar un escondite.
¡ Mierda! estamos en una parte del bosque en la que no hay árboles, y los pocos que hay tienen las ramas demasiado altas como para poder trepar por ellas, para mí, claro, pues mi madre y Gale estan subidos a un extraño arbol que no conozco, disparando flechas a los mutos (seguro que si no estuviésemos en esta situación, se estarían divirtiendo)
-¡Ivy, Ivy!¡corre como nunca lo hayas hecho!¡¡RÁPIDO!!- Me grita mi madre.
Doy vueltas en círculos, sin saber adonde ir. Veo a Johanna, subida en una roca alta, degollando mutos con sus hachas. Pienso en ir con ella, pero la roca es demasiado estrecha para las dos. Veo también a mi padre, corriendo desesperadamente con Annie, todavía desmayada en brazos. No hay ni rastro de Roc ni de Eric.
Mi madre sigue chillándome que corra y empiezo a correr hacia delante, a una velocidad que ni yo misma creía que podía alcanzar.
Entonces, la tierra se hunde bajo mis pies y caigo al vacío.
¡Pum! caigo sobre la tierra y me froto con mis heladas manos el trasero. Instintivamente, me pongo de pie e intento salir del agujero en el que he caído, pero no puedo, es imposible. He caído en una trampa de los hombres del Distrito 14, que la habrán puesto ara cazar comida, pero se alegrarán mucho de que haya caído yo.
Entonces empiezo a desesperarme, las lágrimas me caen por las mejillas. Pronto llegarán los mutos y tendré que dejarme matar...
¡Pum! algo cae a mi lado en el hoyo. Preparo el arco, pero lo bajo al instante, es Roc. Se acerca a mí y me limpia las lágrimas con sumo cuidado.
-Ivy, Ivy.- Me dice con dulzura.- Ivy tranquila. Si vamos a morir, moriremos luchando. Cundo lleguen los mutos lucharemos hasta el final, ¿vale?
Quiero creerlo. Quiero creer que viviremos, pero sé muy bien que no. Que no sobreviviremos, así que me dejo abrazar y lloro silenciosamente sobre su hombro.
-Escucha, cuando vengan, te prometo que te protegeré con mi vida, si es necesario.- Me dice con ternura. Eso me alivia un poco, pero a la vez me preocupa, porque no quiero que muera. Me importa mucho.
-No será necesario, te lo aseguro.- Le sonrío. El me devuelve la sonrisa y hunde su cara en mi pelo. Me parece que le gusto.
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