CAPITULO 19
-¡Y tres!- grito yo, y saltamos de los arbustos. Se inicia la matanza.Corro hacia un muto y lo mato con una flecha, atravesándole la yugular. Miro a mi alrededor y veo que todos los mutos están muertos. Johanna está degollando al último hombre con sus hachas. Me dan arcadas de verlo. Sacudo la cabeza y me dirijo con mis compañeros a la salida del distrito 14.
Salimos al exterior, a las ruinas del 13. Vemos a algunos mutos pero los matamos con facilidad mientras avanzamos corriendo para salir del 13.
Cae la noche y entramos en el bosque del distrito 12. Mi bosque y el de Aline... ¡Pum! Siento un dolor intenso en el pecho y se me llenan los ojos de lágrimas al recordarla.
Entramos en una casita, muy pequeña junto al lago en el que mi madre aprendió a nadar con su padre y en el que nos han enseñado a nosotros. Tiene una chimenea en el que cocinamos las ardillas que hemos cazado por el camino. ¡Qué bien, no tendré que comerlas crudas!
Mientras comemos, mi madre y Gale nos cuentan anécdotas de sus ratos cazando en estos bosques. Yo les escucho entusiasmada.
También, después de comer cantamos la canción del árbol del ahorcado, mi favorita. Simplemente, disfruto de este momento, ya que lo que nos espera va a ser muy duro. Así que cierro los ojos y me recuesto junto a Roc e intento soñar con algo bonito.
Por la mañana, nos levantamos y volvemos rápidamente a nuestra casa. ¡Qué ganas de dormir en mi cama! Tenemos que avisar a todo Panem de lo que se trama en el distrito 14. Toda la nación depende de nosotros.
Me encantaría quedarme un poco más en el bosque, escuchando los sinsajos cantar e intentado retener el momento de volver y asumir nuestra responsabilidad, pero sacudo la cabeza con determinación. Debemos regresar.
Por el camino, veo que Morwenna y Eric van de la mano, pero ya no me pongo tan celosa, me gusta Roc.
A la media hora, cruzamos la valla. Voy corriendo y me tumbo sobre las flores de La Pradera, dejando que me inunde el delicioso aroma de la hierba, las margaritas y las prímulas.
Me levanto y corro hacia mi casa, en La Aldea de los Vencedores. Al llegar, saludo rápidamente a Haymitch y a mi abuela y ,mientras mis padres les cuentan todo, corro a darme un baño de agua caliente.