Ya es de noche y nosotros esperamos y esperamos, pero, qué quieres que te diga... yo me empiezo a aburrir, pues no oigo ningún sonido alarmante, a parte de los muchos ruidos raros que provienen del bosque, así que decido acercarme a la cabaña un poco y me asomo a la ventana, lo justo como para poder ver lo que hay en su interior, pero que no me descubran a mí. Es más pequeña de lo que parece, tiene un pequeño saloncito y un dormitorio, donde seguramente dormirán Heebra y su ayudante.
En el salón están atados a unas sillas, pegadas a la pared, Jack, Erbin y Morwenna. Están despiertos y tiemblan, pero no sé si de frío o de miedo. Parece que no hayan dormido en varios días, pues tiene unas marcadas ojeras bajo los ojos. Erbin tiene apoyada la cabeza en el hombro de Jack y éste le susurra cosas al oído. Morwenna intenta liberarse con toda la fuerza que le permite su cuerpo, retorciendose sobre las cuerdas. Sus armas están al otro lado de la sala, para que no las puedan alcanzar. Si queremos sacarlos de allí, es ahora o nunca.
Me doy la vuelta y veo que los demás se han unido a mí y están examinando la cabaña, buscando ideas para sacarlos de ahí.
Él problema es cómo entrar. Podríamos romper una ventana, pero el ruido despertaría a Heebra, y no podemos permitirlo. Entonces la veo, una chimenea, pequeña, pero yo podría entrar por ella.
-Escuchad, que tengo una idea.- Todos me miran atentos.-Necesitamos sacarlos de ahí, y yo puedo entrar por la chimenea, así no haremos tanto ruido, ¿qué os parece?.
Lo que imaginaba. Todos se oponen. Pero conforme avanza el tiempo y no se nos ocurre nada mejor, decidimos usar mi plan.
Me ayudan a trepar por el tejado hasta llegar a el pequeño orificio. Me escurro por su interior. Oggg, esto es claustrofóbico. Me retuerzo por el conducto de la chimenea, es más estrecho de lo que creía y empieza a faltarme el aire.
Cuando llego abajo y me ven, se asustan, ya que estoy irreconocible, llena de hollín. Pero al acercarme, mi hermano me reconoce rápidamente y se les saltan las lágrimas de alegría y emoción. Los mando callar con mi dedo. Cojo las armas del perchero y corto las cuerdas que los tenían retenidos en las sillas. Ellos se masajean las muñecas, moradas por las cuerdas.
Abro con cuidado la ventana del salón, y Jack, Morwenna y Erbin salen al exterior. Están todos fuera menos yo, y justo cuando voy a salir, el ayudante de Heebra sale del dormitorio, todavía adormilado. Me dirijo hacia él y le pego una patada en la cabeza, dejándolo inconsciente. Mi madre lo habría matado para que no fuese testigo de que han escapado con nosotros, pero es que todavía no estoy preparada para matar a una persona.
Salgo rápidamente por la ventana y nos perdemos en el bosque.
Encontramos un buen árbol y trepamos a él para escondernos. Tenemos que ser muy precavidos, pues, dentro de un par de horas sabrán que hemos escapado y vendrán a buscarnos por el bosque, y ten por seguro que no nos dejarán salir con vida, porque, la verdad, no creo que les guste que todo Panem sepa que ellos se esconden aquí.
Lo único que podemos hacer ahora es salir de este apestoso distrito sin que nos vean, y la salida está a varios días de camino.
Escalo a las ramas más altas y observo en silencio lo que me rodea. Veo a mi hermano y a Erbin abrazados, mirando la puesta de sol. Qué monos. Ahora el cielo tiene ese color anaranjado que tanto les gusta a mi padre y a mi hermano.
Busco con la mirada a mis padres. Están en otra rama sentados y hablando con Johanna y Gale. Sonrío. Seguro que tendrán muchísimas cosas que contarse.
Volteo la cabeza y veo un pequeño laguito con peces. Será mejor que llene las cantimploras, que están vacías. Ahora mismo el agua es muy importante y no sabemos cuando volveremos a verla. No quiero que nos pase lo que le pasó a mi madre en Los Juegos del Hambre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario