Me despierto en mi cuarto, y tengo la cabeza y la pierna vendadas. Todo me da vueltas y me intento levantar, pero mi abuela, que vino por mi cumpleaños y que es médica, me mete en la cama otra vez.
No dice nada. Me acaricia la cara, me da un beso en la frente y se va.
No puedo dormirme, acabo de caer en la cuenta de que Eric me salvó la vida, y eso me preocupa. ¿Habrá salido él también con vida? La idea me horroriza y me hace estremecerme. Entonces lo veo entrar en mi habitación y siento un gran alivio. Parece que éste chico me importa más de lo que pensaba...
- ¿Van sanando las heridas?- pregunta.
-Más o menos- digo incorporándome- ¿Por qué lo hicite?
-¿El qué?¿Salvarte?
-Sí.
-Bueno, no me perdonaría nunca el haber podido salvarte y no haberlo hecho.
Noto que me sonrojo, y me avergüenzo, aunque eso solo sirve para que me ponga más roja. Él reprime una sonrisa.
-Toma ésto, por tu cumpleaños- y me da un paquete bien envuelto.
-Vamos, no hacía falta...-digo rechazándolo.
-¡Claro que hace falta!- exclama indignado.-¿Desde cuándo no se hacen regalos en los cumpleaños?
-Jajajaja. Vale, vale...
Lo abro y dentro encuentro un collar con una pequeña concha que reluce al sol con mil colores. Es preciosa.
-Oh, Eric, no- no sé qué decir...- susurro.
-Con un simple gracias me conformo- dice él.
-Oh...gracias.- digo. Y me acerco a él para darle un beso en la mejilla. Él me ayuda a ponermelo y dice:
-Te queda muy bien. Va a juego con tus ojos.
-Muchas gracias Eric, de verdad... - consigo susurrar.
¡Mecachis! ¿Cómo hará este chico para que me ruborice?
La verdad es que tiene mucho encanto.
Me ayuda a levantarme y bajamos. Abajo están todos reunidos, con cestas de picnic.
-¿Y todo ésto?- digo.
-Oh ,Ivy, es que íbamos a hacer un picnic, pero si te encuentras mal...- dice mi padre.
-Oh, no papá, estoy bien, tranquilo.-digo.
Y nos vamos todos al bosque intentando no pasar por delante del círco derrumbado...
Cuando llegamos, soltamos las cestas y ponemos una manta en un claro del bosque para sentarnos a comer, cuando aparece un sinsajo entre los árboles. No, espera, eso no es un sinsajo. Es otra ave, pero no logro ubicarla. Justo cuando lo tengo en la punta de la lengua, mi madre le dispara al corazón.
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