lunes, 5 de diciembre de 2011

CAPITULO 10

Se hace de noche y hace mucho frío, así que me arrimo a Roc todo lo que puedo y dejo que me abrace, para que nos mantengamos en calor mutuamente.
Hacemos turnos de vigilancia, primero él y luego yo, aunque en mi turno lo dejo dormir más tiempo del que le corresponde, porque está muy cansado, porque un muto le ha rajado el brazo, y, sí, porque me gusta verlo dormir.
Me siento a su lado y le quito los mechones de cabello que le caen sobre la frente y sonrío para mis adentros. La gente parece más joven cuando duerme, mi madre tiene razón.
Escucho un ruido, como de una rama partirse bajo el pie de alguien y saco mi arco y mis flechas, a la vez que despierto a Roc, que me mira contrariado. Esperamos a que salga la cabeza de algún muto, pero en vez de eso, vemos la de Eric. Él nos lanza una cuerda, hecha con lianas y cosas así, y salimos de ese horripilante agujero.
-¡Eric!- Exclamo encantada de verle, pero en seguida me tapo la boca con las manos, no quiero llamar la atención, quién sabe cuantas alimañas estarán acechándonos en estos momentos.
Eric me abraza y yo le devuelvo el gesto, estoy encantada de verlo con vida.
-Los mutos están cerca-, nos informa, confirmando nuestras sospechas- Yo he tenido suerte y no me han hecho nada,- Dice, mirando la herida de Roc.-
-Tenemos que largarnos de aquí ya- Confirma Roc.
Nos ponemos a caminar y llegamos a una parte del bosque que tiene los árboles con ramas bajas y robustas, menudo alivio. Escogemos nuestro árbol con sumo cuidado, y nos recostamos sobre las duras ramas, adormilados. Bueno, al menos si vienen los mutos, podremos defendernos desde  un lugar alto.

Cuando me despierto, no hay ni rastro de los mutos, lo que es buena señal, pues ya podemos salir a cazar al bosque, y la verdad es que estoy hambrienta y seguro que Eric y Roc también.
Cazo dos conejos y recolecto raíces de plantas acuáticas en un pequeño estanque. Roc me da las cantimploras de agua, ya vacías, y las lleno de agua otra vez.
Fabrico una pequeña fogata, pues los mutos se han ido, y comer conejo crudo puede ser malo.
Nos sentamos a comer. Es un alivio tener algo que llevarse a la boca.
-Tenemos que buscar a nuestros padres, no sabemos donde están.- Les explico mientras mordisqueo un trozo de muslo.
-No sabemos ni siquiera si están vivos- Responde Eric.
-Espero que estén bien...- Me preocupo.

Seguimos caminando toda la mañana, y solo nos paramos para descansar y para comer.
Mientras Roc caza algo, yo ayudo a Eric a tejer una red para pescar en algún río. Al cabo de un rato, noto que me mira con sus hermosos ojos verde aguamarina. Yo levanto la mirada.
-Vaya, todavía lo llevas puesto- Me dice, refiriéndose al collar que me regaló. No me lo he quitado desde que me lo puso- Me alegro de que te gustara- Me sonríe. Yo desvío la mirada, sonrojada.

Ya es por la tarde y estamos buscando algo que cazar. Eric y Roc van delante y yo les cubro las espaldas, simpre alerta a cualquier sonido o indicio de movimiento. Noto que Roc no se encuentra bien, aunque el diga lo contrario, así que lo obligo a sentarse y descansar un rato, pues el brazo le sangra demasiado. Él se recosta sobre el tronco de un árbol y cierra los ojos. Eric ha encontrado un arroyo, así que decido cazar algo por mi cuenta, aunque sin alejarme mucho.
Al cabo de un rato doy con un conejo gigantesco,se me hace la boca agua, y lo sigo por el bosque, porque me aleje un poco no pasará nada, ¿no?. Lo consigo cazar y lo meto en mi cinturón, casi no cabe, cuando me dispongo a volver...

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