martes, 20 de diciembre de 2011

CAPITULO 12:

Me asomo a los matorrales con cautela y entonces los veo.¡Son nuestros padres! Sin pensármelo dos veces, voy directa hacia ellos, los derribo y no puedo hacer otra cosa más que ponerme a llorar a moco tendido en los brazos de mi padre.¡Es que no puedo hacerme la idea de que estén vivos!

Después de los reencuentros decidimos comer algo, pues estamos todos hambrientos. Luego, nos preparamos para salir y buscar a los secuestrados. Espero que estén bien...

Empezamos a buscarlos y Eric me coje en brazos.

-Eric bájame que estoy bien; de verdad, puedo caminar...- Le replico, pero él no parece escucharme y yo me resigno, es demasiado cabezota. Bueno, así no nos retrasaré por mi extraña manera de caminar.

Seguimos buscando hasta que el sol se coloca en lo más alto del cielo. Ni rastro de Jack, de Erbin y Morwenna.

Llevamos un buen rato buscando, cuando mi madre, que no puede aguantar más tiempo las lágrimas, se derrumba a llorar

-Nunca los encontraremos.- Solloza.- Quién sabe lo grande que podría ser este distrito, y, y...¡seguramente ya los habrán matado!- Exclama mi madre mirando a mi padre, que le seca las lágrimas y le susurra algo al oído. Algo que hace que se levante, que se quite la tierra de encima y siga adelante.

Por la tarde paramos a descansar un rato para comer algo.

- Este sitio es de lo más extraño.- Dice Gale.- Porque los mutos hombre-lagarto estaban en el subsuelo del Capitolio, no aquí, y, además, quedaban poquísimos, ya que los matamos a casi todos.

-Sí.- Afirma mi madre.- Hay muchos mutos; demasiados, y es muy extraño que hayan llegado hasta aquí.

Este lugar es muy extraño. ¿De donde salen tantos mutos? Erbin comentó algo sobre que aquí vivían personas con mutos, pero, ¿de donde sacarán tantísimos mutos?

Sigo dándole vueltas a estas preguntas en mi cabeza cuando escuchamos un ruido. Rápidamente, preparamos nuestras armas, esperando a que los mutos aparezcan de la maleza, pero no ocurre nada, absolutamente nada. Seguimos escuchando... y... ¡son voces humanas! Afinamos todo lo que podemos el oído cuando escuchamos una voz que a Roc y a sus padres les es familiar...

-¡¡Morwenna!!.- Exclama Johanna, pero en seguida se tapa la boca. ¡Idiota!, nos podrían haber escuchado.

-Es ella, la reconocería entre miles.- Nos explica ella, en voz baja.

-¡¡¡Suéltame maldito capullo!!!.- Grita Morwenna.-¿¡Es que no me escuchas, gilipollas de mierda!?.-Se escucha.-¡¡Dadme mis haaachaaaaaaaas!! ¡Cuándo las recupere os rebañaré el pescuezo, idiotas!

Nos acercamos sigilosamente y los vemos. Un guardia lleva cogida a Morwenna y la tiene hechada al hombro, ella, por su parte, no para de patalear. Jack y Erbin están atados y avanzan porque unos guardias tienen dos cuchillos apuntando a sus espaldas.
-¡Bueno, pequeños espías!Será mejor que solteis toda la información que tengais. A menos que os gusten las torturas...-Exclama el guardia jefe.
Que horror, van a torturarlos. Hay que sacarlos de ahí ya.
Decidimos seguirlos. Ya que son demasiados como para tenderles una emboscada.
Los seguimos hasta que llegan a una pequeña cabaña. De ella sale una joven mujer rubia con los ojos azules, como los míos, y empieza a dar órdenes a los guardias. Empujan a Jack, Erbin y Morwenna a la cabaña y se van. La muchacha se mete en la cabaña, seguida de un hombre, que parece ser su ayudante y cierran la puerta.

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